Franciscanos Conventuales de Bolivia

Los religiosos de la actual Custodia Provincial de San Francisco de Asís en Bolivia, llegaron de la Provincia de San Antonio y Beato Jacobo de Strepa de Cracovia, Polonia.

Por motivos históricos bien conocidos, la Provincia no tuvo ninguna misión propia en el extranjero desde que San Maximiliano María Kolbe, fundó la misión japonesa en 1930. La situación de «enclaustramiento» de la Orden en la Polonia Popular, así como la total imposibilidad de enviar dinero al exterior, fueron factores que influyeron mucho en el proyecto y realización de la iniciativa boliviana.

En 1975, Fr. Vitale Bomarco, Ministro General de la Orden, pidió a Fr. Albino Dudek, entonces Vicario Provincial de Cracovia, el envío de un grupo de religiosos para iniciar una nueva presencia conventual de la Provincia en el exterior del país. Se pensaba en Indonesia y hasta se tomaron los primeros contactos. Justo por entonces el Arzobispo de Santa Cruz (Bolivia), envió varias cartas a diferentes superiores generales residentes en Roma, solicitando la colaboración de misioneros para atender las necesidades urgentes de la pastoral de su Iglesia local.

Una de estas del 15 de marzo de 1975 recibió nuestro Superior General y la transmitió al vicario Provincial de Cracovia, donde fue bien recibida por lo evidente de las necesidades de la Iglesia Boliviana y por lo más cercana que nos es la cultura latinoamericana que la de un país asiático. De inmediato se procedió a establecer los contactos, preparar el plan de salida y designar los misioneros dispuestos a partir al país Andino.

Los tres primeros religiosos llegaron a Santa Cruz de la Sierra entre septiembre – Fr. Juan Koszewski y en diciembre – Fr. Simón Chapinski y Fr. Rufino Orecki. A los que se les dio la instrucción de estudiar la situación en el lugar y proponer las decisiones a tomar, pues nadie visitó Bolivia con anticipación, toda la iniciativa fue asumida a oscuras en base del intercambio de cartas entre la Provincia y el Arzobispo de Santa Cruz, Mons. Luis Rodríguez Pardo.

Los primeros meses entre diciembre de 1976 y agosto de 1977, los religiosos, a los que se les unió en junio de 1977 Fr. Peregrino Ziobro, residían en una casa de la calle «Libertad» en Montero, alquilada por el Arzobispo. Se dedicaban a estudiar el idioma, conocer la realidad boliviana, tomar contacto con el clero, religiosos y religiosas de la Arquidiócesis.

El Prelado les proporcionaba los estipendios de Misa, la base de su mantenimiento. Tramitaron su permanencia indefinida en Bolivia, la personería jurídica de la Orden en este país, alquilaron la casilla del correo, abrieron una cuenta bancaria y elaboraron los primeros elementos del plan de su presencia en Bolivia.

Se optó por aceptar la administración de la Parroquia Nuestra Señora de las Mercedes de Montero para asegurar la vivienda, lugar de trabajo y medios de sustentación y para responder a las necesidades de la Iglesia local.

Se decidió no aceptar ningún proyecto que no asegure el trabajo, medios de vida y habitación para el grupo de por lo menos tres religiosos, condición de vida conventual en una comunidad pequeña, el principio que logramos defender hasta hoy día.

También se coordinó con la Provincia de enviar a Bolivia cada dos o tres años unos dos misioneros hasta completar tres comunidades, por lo menos, para diversificar el trabajo, personas y fortalecer el grupo, lo que fue realizado con creces. Se declaró la disponibilidad de aceptar postulantes si los hubiere.

En julio de 1977 el entonces delegado Provincial del Bolivia, participó en la reunión de FALC en Santo Andrés Brasil, una excelente oportunidad de conocer a los hermanos de América Latina. Allí conoció entre otros, a Fr. Lorenzo Ballán y Fr. Luis Furgoni, los que poco después nos ofrecieron la colaboración en la formación de nuestros primeros novicios y postnovicios bolivianos.

El primero en visitarnos de la Curia General fue Fr. Felipe Blaine, asistente General de las Misiones, el que estuvo en Montero del 09 al 12 de noviembre de 1977 a conocer nuestra situación y confirmarnos en nuestro caminar.

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